Llegaron los 25

And I won't keep it up even though I would love to,
once I know who I'm not then I'll know who I am
 "Precious Illusions"
 Alanis Morissette
  BB
No “parece que fue ayer”, ni mucho menos. Ya son muchos años de vida, muchos de ellos sonriendo y muchos otros luchando, ya fuera contra mis demonios, los de otros o con mi carácter de la chingada.
Dicen que cada siete años nuestro cuerpo cambia radicalmente, incluso nuestra sangre y millones de células son completamente nuevas en dicho intervalo. Fue hace unos diez años que yo cambié, comencé a ver mi camino de manera diferente, y sabia que el mundo se me podría venir encima, pero afortunadamente no fue así.
Crecí sabiendo lo que se ‘debía y tenía que hacerse’, siguiendo reglas y costumbres que no entendí sino hasta años más tarde y entonces las agradecí. Pero los miedos seguían ahí: temor de no ser aceptado, de no ser agradable, que me hicieran a un lado… miedo a la crítica de lo que hago. Algo inevitable, realmente. Y es ahora, casi a un cuarto de siglo, que comprendo que nadie puede decirme lo que puedo o no puedo hacer. Nadie.
Entonces un día decidí pintarme el cabello. Otro día me levanté con ganas de cortarlo de raíz. Una vez me pinté las uñas, y lo hice de nuevo días después. Me puse una “falda”, pantalones muy cortos, playeras que parecían de mujer. Y todo lo hice porque quise y pude hacerlo. 
Cambios. El estar lejos de mi familia no significa que no los extrañe, o que ya no los quiera. A veces me siento así, una pésima persona por no buscarlos, pero me gustaría que entendieran que si no los busco es porque sigo buscándome a mi mismo.
Más cambios. Ahora me levanto a la hora que quiero, trabajo cuando lo deseo, me empedo si quiero, no duermo si el clima es severo… Voy por la vida de invencible rompiendo todas y cada una de las reglas que me impusieron de pequeño. Y no se imaginan lo bien que se siente ser libre de decidir.
Y ahí viene el meollo del asunto: decidir. Ésta es la edad de las decisiones, la época para sentir todo y nada a la vez, de querer comerme al mundo (o una pinche docena de donas yo solo). Yo decido cuándo y dónde. Yo decido qué y por qué.
No “parece que fue ayer” ni mucho menos. Porque un día te levantas y sabes que ya te llegaron los 25 y que te toca decidir por ti y para ti.
Regreso unos años para encontrarme con mi pequeño yo, abrazarlo y decirle que no se preocupe, que un día podrá hacer todo lo que él quiera. Así un 23 de abril puedo decirle: Betito, mi amor: feliz cumpleaños, cabrón. 
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The Fear

As I walked into the bar I looked around. The same happened when we got in the club. I looked around here and there, everywhere, just to make sure my worst nightmare wouldn’t happen then and there. Some boys were starring and I starred back searching for familiar faces. None of them. I was kinda nervous, kinda scared but very, very, extremely free. I felt so good to be out in the night, having fun with the girls. I was fine, I was ok. My recurring dreams were gone for moments, but the fear was still there. What will happen if we bump into each other again?

I supposed 

  

De pronto me enteré de algo que comprometía mis planes y no pude más que mirar a otro lado y hacer como si no pasara nada. Por supuesto eso y nada son lo mismo, porque no soy de los que deja pasar las cosas así porque sí: comenzó a temblarme una mano, después el labio y cuando comencé a pensar qué decir me di cuenta que el enojo había llegado.
El hecho es sentirse especial. No sentirse, saberse. Eso es más acertado. El enojo dio paso a la rabia cuando mi sistema procesó que fui el último en enterarse de la situación. “La vacación”, mejor dicho. Así se unieron la venganza y el orgullo a la fiesta que el enojo y la rabia ya estaban preparando.
No sería algo grande ni elaborado. No, se apetecía algo rápido y al grano. Suposiciones de lo que pudo haber ocurrido para arruinarme fueron, vinieron y algunas se quedaron impresas en mi cabeza. Qué chingados estaban pensando…
Entonces llega una idea que por supuesto nunca sale primera en mis listas: tal vez estaba equivocado y no había saña, ni dolo en ello. Tal vez encontraron un hueco en el que meter sus planes, encontraron así un agujero legal en lo acordado. Resultaría entonces que yo estaba mal, y lo peor de todo, es que mis ideas adelantadas, mis suposiciones siempre sacan el lado obscuro en mí. El que no brilla, el que es opaco, desagradable, orgulloso, antipático, egoísta y narcisista.
No fue lo que yo pensé, no fue lo que yo supuse. No fue nada de lo que imaginé. Sólo un momento que quisiera no hubiera pasado por mi cabeza, para no odiar a quien ya odio a morir, por herirme a mí, a mí y a este maldito ego sin pies ni cabeza.