Cuando el dique se quiebra…

· Desde la Distancia ·

El dique se fracturó al igual que su vida. Mi existencia se fracturó el día que ella desapareció. En este texto, que llamé Desde la Distancia relataré mis aventuras al lado de Corette, quien desapareció para encontrar un destino no muy diferente al que tendremos todos algún día. Corette era mi mejor amiga, mi otra mitad y mi fiel compañera de viaje. Desafortunadamente, no pude acompañarla en su último trayecto, pues se fue, y sin decir adiós.

Capítulo 1

 

[When The Levee Breaks…]

Todavía se escucha el rumor. Parece una mentira, pero todavía se escucha el rumor de esa gota que caía cada minuto de cada hora, de cada día por semanas, años y siglos. Yo no suelo decir mentiras. Y menos tratándose de la vida de mi pobre y querida Corette.

“Gota a gota, la vida se nos agota, querida”, solía decirle siempre su abuela. Corette nunca tomó esto muy en serio, pues vivía la vida como si no hubiese mañana, cada instante era exprimido de tal manera que mi amiga hizo demasiada limonada con todos los limones que la vida le dio. Y ahora… bueno, pues ahora nos queda esa bebida que resulta más agria que la mañana en la que Corette desapareció de la faz de la tierra. Y sin decir adiós.

Recuerdo que todas las mañanas nos levantábamos a la misma hora, siempre en sincronía. Como un magnifico engranaje, como un magnifico reloj que al precisar la hora nos indicaba la hora de volver a inventar cosas e imaginar aventuras en la cabaña de su abuelo, del otro lado del río. Su abuelo es una persona sencilla y agradable. En aquellos tiempos era un tanto más joven y atrevido. Solíamos  lanzar piedritas a las ventanas de su cabaña para indicar que ya íbamos directo al río y él, después de acicalarse y preparar sus materiales, nos alcanzaba en la orilla de aquel Nilo que imaginábamos de escenario para las más grandes aventuras.

Corette nunca supo si los cocodrilos realmente habitaron en el Nilo o sólo en nuestra versión del río, pero ella siempre imaginaba que los cocodrilos atacaban nuestra embarcación, que consistía en varias tablas sujetas por lazos y piedras que la hacían flotar en la superficie. Sucedieron varias batallas épicas sobre aquella balsa, a veces atacada y revolcada por los cocodrilos y re-construida por sirenas,  amigas mías, por supuesto.

Corette nunca pudo ver a una. A pesar de nuestras incontables aventuras, sólo pretendíamos ver, escuchar y jugar con las sirenas. Éstas aparecieron tiempo después, para anunciar que un suceso horrible había sucedido. Ya todos imaginábamos el suceso, pero jamás lo horrible que fue.

Lo más cercano a un terrible suceso en el que puedo pensar, es la ocasión que jugábamos cerca del dique y éste comenzó a quebrarse frente a nosotros. Gota a gota salía el agua en un primer momento  no tardó mucho en extenderse la grieta y dejarnos ante un cuerpo enorme de sustancia azul y verde. Quedamos helados de miedo, inmóviles e indefensos cuando la masa de agua nos arrastró por todo el lugar. Si bien el dique quedaba justo al norte de la comunidad donde habitábamos, no fue sino muy al sur donde fuimos encontrados, fríos, empapados e inconscientes.

Gota a gota secaron nuestras ropas, salieron de nuestro cuerpo las miles de partículas de liquido . Gota a gota lloraban nuestras madres y nuestros familiares. Se nos prohibió salir durante un largo tiempo, al menos hasta que estuvimos fuera de peligro, por eso de la pulmonía. Gota a gota, se secó el pueblo y así comenzaron la construcción de un nuevo dique, el doble de resistente para evitar accidentes.

Fue a partir de ese incidente, que en el pueblo se inició el dicho “Cuidado, que cuando el dique se quiebra…” que previene nuestras acciones antes de que sea demasiado tarde. Tarde. Y tarde se hizo.

El mismo día que escuché por primera vez el nuevo dicho, me percaté que las sirenas me observaban desde la distancia. El río desembocaba en el océano y en medio de la maravillosa vista, salía de la superficie una enorme roca que asemejaba un poco a un sofá, donde cada tarde veía a las sirenas observarme. Cada tarde, hasta que se hacía incluso más tarde.

Lo que más me duele, es que a partir del quiebre del dique, Corette empezó a portarse cada vez más rebelde, como si el mañana llegara con la promesa de acabar con la vida en el planeta y a ella quería a cualquier costo, mantenerse con vida. Y fue exactamente lo contrario lo que le ocurrió. Al parecer, la herida del dique fue reparada cuando éste fue reconstruido. Pero la herida de Corette en lugar se sanar, se abrió un poco más con cada día que pasaba. Se podría decir que se abría gota a gota, pero sonaría como burla. Y no quiero burlarme de Corette. No cuando ella desapareció para encontrarse con la muerte. Y sin decir adiós.

Autor: León Alberto

I Was Pandora... And Then I Got Over It.

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