¡No hables!

Capítulo 5

 

[Don’t Speak!]

 

Todavía se escucha el rumor. No sé si se dirán mentiras sobre el suceso y lo que se desencadenó después. Dicen que la vida da muchas vueltas. ¿Cuándo empiezan esas vueltas? Con sucesos que sacuden tu mundo. Mi mundo comenzó a sacudirse con una pequeña gota. Y otra. Y otra y otra. Gotas que caían cada minuto de cada hora, de cada día por semanas, años y siglos. Yo solía decir mentiras, muchas mentiras. Pero no lo haré, sólo y SÓLO porque se trata de la historia de mi vida, mi alocada vida junto a mi mejor amigo Bale.

 

Cuando somos pequeños, la vida ni siquiera se nos pasa por la mente. Sólo necesitamos comer y jugar hasta caer dormidos en algún rincón de la casa y esperar que mamá nos lleve a la cama. Al crecer uno se da cuenta que existen 24 horas en un día y ocho de ellas las necesitamos para dormir. Al crecer, me di cuenta que la vida es para aventurarse y lamentablemente es demasiado corta para hacer todo lo que necesitamos hacer. Mi abuela solía decirme “Gota a gota, la vida se nos agota” y palabrerías del estilo, que no era nada coherente prohibirme salir después de sermonearme con eso de la corta duración de la vida. Horrible, ¿o no?

 

Los libros me ensañaban del mundo, pero conocer realmente… se conoce sólo experimentando. La vida hay que vivirla como si no hubiera mañana. Las personas suelen decir “adiós” cuando se despiden. Muy mal. No se dan cuenta que el “adiós” es para siempre y tal cosa no es cierta. Un “hasta pronto” o “hasta luego” si no quieres verlo demasiado pronto.  Nunca acostumbré despedirme de las personas, con sus contadas excepciones.

 

Dormir era un problema, lo que no sucedía al despertar. Bale y yo nos levantábamos  a la misma hora, como un perfecto reloj. Siempre nos encontrábamos en el camino a la cabaña de mi abuelo Boo. Boomerang era su nombre, pero todos le decían Boo. Era un gran hombre. Espero se encuentre bien. Como sea, solíamos gritar y lanzar piedritas a su ventana, él se asomaba y le saludábamos indicándole que estaríamos jugando en el río.  Le puse “Nilo”, pues leí en un libro que era un gran río en algún lugar del planeta. Bale y yo jugamos en el Nilo infinidad de ocasiones. La mayoría de las veces le dábamos palizas a los cocodrilos que rondaban nuestros barcos e islas. Bale siempre se encargó de construir las embarcaciones. Yo era la capitana. Sin lazos ni dando explicaciones a nadie. Claro que Bale tenía la ayuda de las sirenas. Como sea. Nunca pude ver a alguna de ellas. Sólo hacían cosas mágicas y se iban. Qué munga.

 

Ya sé que hablé de un suceso. Pero no hablaré más de él. Bueno, tal vez. Suceso siempre se remite a algo horrible, ¿cierto? Pues lo más cercano a un terrible suceso en el que puedo pensar, es la ocasión que jugábamos cerca del dique y éste comenzó a quebrarse frente a nosotros. Quedamos helados de miedo, inmóviles e indefensos cuando la masa de agua nos arrastró por todo el lugar. Recuerdo que grité y grité o al menos lo intenté.

 

Después del incidente, las personas no dejaban de decir “Cuidado, que cuando el dique se quiebra…” y eso realmente me enfermaba. Esperaba que tarde o temprano dejaran de decirlo o pensarlo, pero no fue así.  Un grupo de niñas que no me agradaban mucho, solían tomarla conmigo y ese mentado dicho. Yo solía ignorarlas, hasta que un día me confrontaron. Podía soportar burlas hacia mi persona, pero se metieron con Bale y eso no iba a permitirlo. Trisha, la líder por así decirlo,  lo llamó de varias maneras que no mencionaré y que obviamente me hicieron estallar, así que no tuve más remedio que tomarla del cabello y arrastrarla calle abajo. Fue uno de los mejores días de mi vida. Me sentí liberada y poderosa al mismo tiempo que ella gritaba “¡Suéltame! ¡Auxilio! ¡Qué alguien me ayude!”. Debió pensar antes de hablar.

 

Mi vida se basó en esa declaración de independencia que muchos llamaron rebeldía. No te metas conmigo si no quieres que me meta en tus pantalones y los levante hasta que grites del dolor. No estaba loca, sólo actuaba como una para que dejaran a mi amigo en paz.

 

 

Él nunca supo sobre el incidente del “No hables”. ¿Por qué llamarlo así? Porque fue lo que le dije “Cuando llegues a casa, espero que te den una tunda por mugrosa. Eso de revolcarse calle abajo no está bien. Por favor, la próxima vez si no tienes algo agradable que decir de mí o mi amigo, mejor no hables”. Las demás niñas me miraban atónitas. Una gota de sangre brotaba del mentón de Trisha. La gota me recordó el incidente del dique y lo frágil que somos ante una inmensidad, como lo es el mar. Siempre quise navegar lejos del pueblo, pero las sirenas no quisieron ayudarme. No quisieron hacerse visibles para mí. No quisieron ayudarme y eso me molestaba. “Malditas sirenas”, solía decir ante la cara de enojo de Bale. “Son malditas, pues no quieren aparecer y ayudarme a salir de aquí”. Y no lo hicieron, sólo veían. O al menos eso decía Bale que era lo que hacían, vernos desde la distancia.

Autor: León Alberto

I Was Pandora... And Then I Got Over It.

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