Cucarachas en una jaula

Cucarachas

Le pese a quien le pese, ella es una mala persona.  Es más que mala, es tóxica e irritante, falsa y arrogante. Siempre mostrando pequeños detalles aquí y allá que más tarde va a cobrar con todo el cinismo del mundo y una cara de no rompo un plato, pero sí una vajilla. Tuvo que pasar mucho tiempo y se tuvo que aguantar mucha mierda para que se mostraran las primeras señas de debilidad, pero afortunadamente el momento se dio.

 Inconformidades que se repetían cada ocho días, como reloj. Incomodidades que comenzaban como salpullido con el sonido del portón, con saludos vacíos y el constante ruido antes, durante y después de la comida del único día de la semana que se dignaba a aparecer por unas horas, cinismo incluido por supuesto. Susurros aquí, muestras de una cierta inquietud sobre una u otra cosa. Más susurros que desaparecían con el abrir de una puerta y reanudaban cuando ésta encerraba a la persona en la habitación.

"Inconformidades que se repetían cada ocho días, como reloj".
“Inconformidades que se repetían cada ocho días, como reloj”.

 El día de la rebelión llegó con los mismos susurros de siempre, los mismos comentarios de siempre, la misma charla irrelevante de siempre y los mismos deseos de chingar de siempre. Tóxico. Irritante.  Repugnante. Asfixiante. Y hasta ahí quedaron las ganas de no querer respirar y se soltó el mismísimo infierno en la tierra de los que no soportarán ni una más. Ni siquiera una.

 La puerta se abrió de golpe y la más rabiosa y enérgica de las voces se apoderó del espacio, el tiempo y se tragó por completo los susurros, los tomó por sorpresa y los desvaneció de una vez por todas. El escándalo. Las preguntas, interrogantes y punzantes sobre los desvaríos e infortunios de la vida misma. Las excusas, obviamente desviando lo evidente, ocultando lo presente del instante, mostrando miedo y asombro… más asombro que miedo, pero de eso a nada ya no se ve el abismo. Lo que se acarreó por días, semanas y meses se liberó en meros minutos que cambiaron por completo la dinámica de la casa.

 Desearía recordar la fecha exacta de la fumigación,  pero esa no es la función de esta carta: la intención es no olvidar la opresión, dolor y angustia que la sangre ocasiona sobre y contra la misma sangre. No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante. Deberíamos cambiarlo a No hay invitados malos que vengan cien años, ni parientes que los aguanten.

 Hay que fumigar constantemente o en caso contrario el veneno llegará desde el interior y consumirá todo y a todos. Se debe enfrentar al enemigo, derribar el muro de “familiaridad” que no nos deja visualizarlo, esconder el miedo y mostrar las garras, sean largas o cortas, de cualquier manera sirven. Lo que no funcionan son las reflexiones de cinco minutos, ni las soluciones a medias: esto es como querer atrapar cucarachas en una jaula, por un momento nos sentiremos aliviados hasta que veamos como las desgraciadas se escapan por las rendijas y vuelven a contaminar lo que esté a su alrededor.

Le pese a quien le pese, ella es una mala persona. Un ser tóxico con el que no pretendo lidiar más. El problema reside en la “familiaridad”, factor relevante e importante, lo quiera o no. El ser tóxico seguramente no se sabe tóxico, por lo que a quien le toca retirarse y huir es a mí. Lo que queda por hacer es aguantar e ignorar. Aguantar e ignorar. Aguantar e ignorar, hasta que los susurros vuelvan y entonces, Dios los agarre confesados, que se desatará nuevamente mi infierno en la tierra.

Autor: León Alberto

I Was Pandora... And Then I Got Over It.

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