Está muy lleno el cementerio

Mejor morir de pie que vivir de rodillas, fue lo primero que pensé ante el escenario en el que me encontraba. Y debo decir que encajaba perfectamente  en la situación porque la mujer frente a mí gritaba que pusiera mi trasero en el suelo y sobre todo por el pedazo de metal que apuntaba sus balas a mí. Así que me quedé mirándola a los ojos, haciéndome el desentendido, pero eso sí, muerto de miedo. Al no hacerle caso la mujer se acercó corriendo, me golpeó en la cara con el arma y entonces sí caí con todo mi trasero en el suelo. Su voluntad se había hecho. Era la mandamás del pueblo, o al menos del granero en ese momento.

Adolorido por el golpe, no pude sino mirar alrededor para buscar algo que pudiera ayudar a defenderme contra la empistolada. Al observar mis cercanías encontré la cabeza flotante de uno de los cuerpos, quien era nada más y nada menos que el fulano de la recepción. Por un momento recordé lo extraño que se portó cuando llegamos a Sagne Ville, pero no por eso merecía estar colgado de una cuerda e inconsciente. Aunque sí fue un reverendo hijo de puta.

Mi enemiga se acercó nuevamente y me golpeó una vez y otra vez, dos veces más hasta que decidí quedarme muy quieto. La reacción de ella fue detener los golpes y mejor sacó un pedazo de cuerda para amarrarme las manos. No quería pensar en lo siguiente pero el grupo de personas colgando del techo me hizo imaginar que yo sería el próximo en elevarme del suelo para flotar ahí, inconsciente. Cuando mis manos estuvieron atadas la mujer me dio la vuelta y entonces pude verla mejor: unos mechones de cabello alborotado y maltratado salían de la capucha que le cubría el rostro, los ojos se le veían rojos, cansados. La mirada, perdida. De pronto se liberó de la capucha y el cabello se volvió libre en el frío viento de la noche. Resaltó entonces una cicatriz en la mejilla de alguna batalla muchos años atrás. Sus labios apretados, por el esfuerzo de jalarme hasta una de las columnas de madera que sujetaban el granero. Me apoyó ahí y entonces sacó un machete de un estuche de tela que llevaba consigo, lo clavó en la columna y me sonrió, con uno de esos gestos faciales que dejan ver todas las ganas de hacer sufrir al prójimo.

Sentí que mi cuerpo se quedaba sin fuerzas y entonces lo vi: el momento en el que me colgaba y me decapitaba con el machete. Después vi cómo mi cuerpo lentamente se volvía un río y dejaba mi huella por todo el granero. Y así vi como cada uno de los cuerpos dejaba de ser un conjunto y se convertía en dos partes llenas de sangre que corría entre paja, tierra y hojas.

La mujer sacó el machete de la madera y el sonido me hizo volver en mi… y entonces la vi. Tan clara como ella podría ser, tan rápida como nunca imaginé, tan certera como esperé que fuera: Marcia. Levantó una pala y golpeó a la mujer en la espalda, ésta reaccionó con un golpe al vacío y entonces Marcia correspondió con una patada fulminante al estómago que tiró a la fulana, con todo y cuchillo, al suelo, dejándola sin aire. Mi amiga, y ahora salvadora, fue rápida, certera, brutal.

Por fin respiré aliviado, pero inmediatamente le grité que necesitaba ayuda para desatarme. Marcia clavó la pala en el suelo, desenfundó un cuchillo y procedió a liberarme. Una vez fuera de las cadenas que sostenían mis manos, miramos los cuerpos suspendidos. Era un escenario bastante terrorífico. ¿Quién era esa mujer y por qué tenía a todas esas personas secuestradas en un granero? Me acerqué al fulano de la recepción, corté sus cuerdas y lo bajé al suelo. Sin decir palabra comenzamos a descolgar a los demás flotantes y pronto nos dimos cuenta que no eran desconocidos en lo absoluto: eran personas de la villa.

EstaMuyLleno

Marcia respiró profundamente, y le pregunté si se encontraba bien. Me miró un momento y comenzó a explicarse mientras mirábamos los cuerpos tendidos en el suelo.

– Él es Javier. Atendía la cantina hasta hace unas semanas. Desapareció sin avisar siquiera a su esposa. Ese otro es Antonio, Little Tony, su reemplazo. Sólo duró una semana al frente del lugar hasta que no volvió más. La mujer de allá era la asistente, mesera y cocinera, Consuelo.

– ¿Cómo es que sabes estas cosas? ¿Nombres, ocupación y hasta la relación de unos con otros?

– ¿Recuerdas que salí en busca de alguien que nos ayudará con el problema del equipaje? Bueno, me di a la tarea de enterarme de cómo se hacen las cosas por aquí. Ella es Martina, la mujer a la que le gritaste. El del lobby se llama Alonso, el otro es el botones, Josué y esos dos trabajaban en el molino. Son hermanos.

– Eso es bastante útil.

– ¿Útil?

– Claro. Necesitamos saber cuál es la relación entre ellos y la fulana que los tenía aquí colgados, en contra de su voluntad. No sé en qué podría estar pensando…

– Venganza.

– ¿Cómo así?

Con un leve gruñido, la mujer comenzó a levantarse, lo que nos llevó a Marcia y a mí a amarrarla de manos y pies y taparle la boca, ya que no dejaba de maldecirnos.

– ¿Qué carajo le pasa?, dijo Marcia mientras terminaba de amarrar sus pies.

– Debemos llamar a la policía.

– No podemos llamar a la policía, sólo interferirán más. Después te explicaré todo. Ahora ayúdame a llevarlos a la camioneta…

En pocos minutos teníamos a la mitad de los cuerpos en una camioneta que Marcia rentó en Carrizo Springs. Los llevamos hasta el hotel y a pesar de parecer costales de alimentos no nos atrevimos a meterlos en las bodegas cerca de la cocina, por lo que mejor optamos por colocarlos en una de las habitaciones del primer piso. Al terminar con la primera tanda, volvimos en el auto hasta el granero, recogimos a los faltantes y entonces nos enfrentamos a la situación de qué hacer con la mujer responsable de los cuerpos.

Salimos de la camioneta y entramos al granero en el momento que la mujer terminaba de desatar sus pies. Con un rápido movimiento Marcia sacó una pistola y le apuntó mientras le gritaba que se tirara al suelo, pero ella prefirió levantar el machete del suelo y entonces el arma se soltó contra su pierna derecha que estalló de pronto en un río de sangre. La mujer gritó, soltó el cuchillo y se agarró el miembro sangrante. Miré a Marcia, quien se acercó al machete y me lo puso en las manos.

– ¡Maldita, cabrona! -le gritaba la mujer sangrante-, ¡eres una maldita!

– La maldita aquí, eres tú -respondió Marcia.

– No tienes idea de lo que estas personas han hecho…

– ¿Qué puede ser tan malo para que las tengas de cabeza?

– ¡Mataron a mi familia! ¡Mataron a mis padres, a mi hermana! Y ahora van a matarlos a ustedes, y a mí… ¡A todos!

– ¡Ya basta! -dijo Marcia mientras le apuntaba nuevamente con el arma-, ¿así que querías matarlos? ¿no crees que ya está muy lleno el cementerio?

La mujer no dejaba de gritar y su pierna no paraba de sangrar. Todo se había salido de control. Marcia y yo salimos del granero para hablar sobre lo que estaba pasando. No podíamos dejar a la mujer ahí tirada, pero tampoco podíamos llevarla a un hospital. Ni siquiera sabíamos si había uno cerca. Subimos a la camioneta y al cerrar me di cuenta de la presencia de otro auto a unos metros. De costado no podía verlo bien, pero de pronto lo entendí todo.

Bajé rápido del vehículo mientras Marcia me preguntaba qué pasaba. Corrí hacia el otro vehículo para verificar mi sospecha y en efecto descubrí que se trataba de un sedán verde con defensas negras. Me volví hacia el granero y se lo señalé a Marcia. Cuando entramos en el lugar, encontramos a la mujer sangrante en brazos del hombre que nunca permanecía dos días en el mismo lugar, el de los diez pasaportes, diversos nombres pero al que yo conocía como Jerry.

Autor: León Alberto

I Was Pandora... And Then I Got Over It.

1 thought on “Está muy lleno el cementerio”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s