La X marca el lugar

Después de tanto tiempo por fin lo tenía enfrente. No sabía por dónde comenzar con las preguntas que tenía para él. Debía contarle lo que estaba sucediendo con la mujer, pero parecía que ya se conocían, porque ella lo tomaba de la mano y lo miraba fijamente. También quería contarle el encuentro con Ana, interrogarlo sobre los constantes viajes por el mundo y sobre todo hablar sobre lo que le había ocurrido a su vida. Pero él se me adelantó.

– ¿Qué carajo está pasando aquí? ¿Qué significa esto? ¿Quién le disparó a Alicia ? – gritaba Jerry-.

– ¿De dónde conoces a esa mujer? – le interrogué-.

– Él es mi único y verdadero amor -dijo Alicia-.

Marcia salió del granero y entonces me acerqué a Jerry para preguntarle lo que estaba sucediendo.

– Es una larga historia, pero por ahora necesito sacarla de aquí antes de que sea tarde -dijo en un tono que me sonó más a una orden que una solicitud de ayuda-.

Lo ayudé a levantar a Alicia y entre los dos la subimos al sedan. La herida se veía bastante mal y el coche poco a poco se transformaba en lago sangriento. Un nervioso Jerry encendió el coche mientras miraba en todas direcciones, como si buscara algo o alguien. Le grité a Marcia que iríamos a Carrizo Springs a buscar un médico que atendiera a Alicia. Y ella me hizo una señal para que me detuviera.

– Yo puedo curarla para que no salgan a esta hora. ¿Ya pensaste qué pasará cuando les pregunten cómo ocurrió esto? No creo que sea prudente lo que quieren hacer -dijo-.

Tenía toda la razón, pero la cara de Jerry me decía que era urgente atender a la mujer y sobre todo salir de ahí. Además necesitaba hablar con él, así que le dije que Marcia curaría a su amiga en lo que pensábamos cómo solucionar el problema. Jerry aceptó, aunque no muy convencido, por lo que nos dirigimos al hotel y subimos hasta mi habitación en el cuarto piso. Entre los tres colocamos a Alicia en la cama y acto seguido me dirigí al baño para buscar agua y toallas para limpiar la herida. Marcia dijo que bajaría a la recepción para buscar medicamentos y vendas. Jerry se quedó al lado de la cama mientras Alicia lo miraba como si estuviera en su lecho de muerte, a punto de despedirse.

– Estoy muy cansada -dijo Alicia, mientras él la tomaba de la mano-.

– Todo va a estar bien. Sólo danos unos minutos para limpiar esa fea herida y veremos cómo salir de esta.

– Ya casi estaba listo. Esos malditos van a pagar lo que han hecho… Mi hermana… ¿por qué a papá, por qué a mamá, por qué Camila? ¿POR QUÉ? -gritaba Alicia.

Cuando la mujer mencionó aquel nombre recordé a la mujer que mencionó Don Rodrigo, allá en el Hotel Mediterráneo. Camila. No es que fuera un nombre poco común, pero sentí como si todo estuviera poniéndose enfrente de mi, para que uniera las piezas del rompecabezas. Me acerqué a Jerry y le dije que la dejara descansar un poco, sobre todo porque necesitaba comenzar el interrogatorio. Lo lleve hasta la ventana y traté de tranquilizarlo.

– Necesito saber lo que está ocurriendo para poder ayudarte, Jerry -le dije.

– Debes saber lo menos posible para que no tengas problemas -me respondió, todavía con la preocupación por la mujer  escrita en toda la cara.

– ¿Tan mal está todo? He leído de vez en cuando, cada cierto tiempo que buscan revivir lo que sucedió. El accidente, porque yo sí creo que fue un accidente…

– Mira, ahora no quiero hablar de eso. Sólo debes saber que ella es una buena persona, está un poco trastornada, pero es buena persona. Perdió a toda su familia de repente. Y eso no se pasa fácil. He tratado de llevarla con varios especialistas, pero quieren medicarla y no puedo permitir que hagan eso.

– ¿Y por qué no? Si está trastornada debería llevar un tratamiento, ¿no? – dije, hasta que de pronto se abrió la puerta de la habitación y apareció Ana seguida de cerca por Marcia. Jerry se quedó perplejo por unos momentos hasta que Ana interrumpió el momento de silencio.

– Si medican a tu noviecita podrían sacarle la verdad sobre el inicio de tu calvario, ¿cierto? – dijo Ana burlonamente.

– Tú no tienes ni idea de lo que pasa aquí -contestó Jerry, su semblante cambió de preocupación a enojo enseguida.

– Claro que tengo idea. Pero tengo algunas dudas de toda esta trama, claro. Como por ejemplo, ¿dónde está Camila?-dijo Ana, y al instante Alicia comenzó a gritar desde la cama.

– ¡CAMILA! ¡CAMILA!

– Por favor, cálmate Alicia -le decía Jerry mientras intentaba que la mujer no se levantara de la cama.

LaXMarca

Miré a Marcia en busca de alguna respuesta sobre lo que estaba ocurriendo, pero sólo me sonrió y caminó hacia el baño. La seguí mientras Ana seguía observando a la mujer tendida en la cama y al hombre junto a ella. Marcia tomó unas jeringas y las llenó de una solución. Tomó una toalla, la mojó un poco y se dirigió a la cama. Dejó las cosas sobre el buró y le pidió a Jerry que se alejara para poder curar a Alicia.

Jerry, Ana y yo nos apartamos para que Marcia hiciera lo suyo hasta que escuchamos un estruendo en la planta baja. Salimos del cuarto rápidamente y bajamos las escaleras. Cuando llegamos al lobby, nos dimos cuenta que la puerta principal estaba abierta. Le dije a Ana que volviera con Marcia y Jerry y yo salimos del hotel para investigar más del ruido. Ana volvió sobre sus pasos y la perdimos cuando subió las escaleras. Al pasar la puerta nos encontramos con el amanecer y con nada más aparentemente. Jerry dijo que regresaría con Alicia y asentí con la cabeza, después de todo lo que fuera que ocasionó el ruido ya se había ido.

Al darme vuelta vislumbré un auto más, seguramente en el que llegó Ana a la villa. Me acerqué al a ventana y noté que el interior estaba hecho un desastre, papeles y mapas por aquí y por allá. Mis ojos viajaron entre los documentos hasta que se encontraron con una fotografía de Jerry y una mujer rubia. Abrí la puerta trasera y tomé los papeles. Y ahí, entre rostros desconocidos para mi, apareció Alicia. La mujer que ahora sangraba en la habitación del hotel, posaba para la posteridad junto a la chica rubia de la foto con Jerry. Más imágenes de Alicia se ocultaban en el mundo de hojas, mapas y fotos. Ana estaba buscando a Alicia, no a Jerry

Entonces pensé que yo no tuve tiempo de avisarle a Ana sobre el paradero de Jerry, ¿cómo se enteró que él ya había llegado a Sagne Ville? Miré al frente del auto y tomé el mapa de la región que se encontraba en el asiento del copiloto. El lugar donde nos encontrábamos estaba marcado con una cruz y tenía algunos números y garabatos escritos. Miré la X que señalaba el lugar del que quería salir corriendo, pero las circunstancias ya no me lo permitían. Había tanto que ser aclarado, tantas preguntas por ser respondidas.

Cuando salí del auto miré el sedán verde con defensas negras y recordé la historia de Don Rodrigo, las sombras que hablaban, los gritos en la noche y los autos a toda velocidad. ¿Podría ser que Ana no está detrás de Jerry, sino al revés? ¿Podría ser que Ana se llevó a Camila y por eso Jerry la buscaba, para aclarar qué pasó con ella y así calmar a Alicia? ¿Y cómo encajaba yo en esta historia?

Después de tanto tiempo por fin lo tenía enfrente.

Autor: León Alberto

I Was Pandora... And Then I Got Over It.

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