Hacia el vacío

Volví lo más rápido que pude a la habitación, pues tenía muchas preguntas para todos, especialmente para Ana. Al final tenía razón, desde que llegué a la villa dejé pasar muchas cosas que no suelo ignorar. Giré la perilla, abrí la puerta y de la nada un cuerpo se me fue encima, perdí mi balance y ambos caímos en el pasillo. Como pude lo alejé de mi y me puse de pie para darme cuenta que se trataba nada más y nada menos que de Alonso, el fulano del lobby. Sus ropas estaban manchadas de sangre y temí que algo hubiera sucedido con Alicia. Giré hacia la puerta y traté de entrar cuando Alonso me tomó del brazo y comenzó a jalarme lejos de la habitación.

– ¡No puedes entrar ahí! – gritaba, mientras me alejaba de la puerta-, ¡Ayuda! ¡AYUDA!

Si de por si el tipo no era de mi agrado, en ese momento no pretendía ser amable. Me le puse enfrente y procedí a hacer algo que no había hecho desde al menos, la preparatoria: le di una patada en la entrepierna, con lo que instantáneamente me soltó para tirarse al suelo del dolor. Corrí hacia la puerta entreabierta y al llegar a la habitación me encontré con que otros de los inconscientes del granero ya se había levantado: Marcia tenía a Josué contra el suelo, uno de los hermanos estaba tirado en la cama, con los ojos abiertos, la mirada perdida y un machete atravesado en el pecho. Alicia y Jerry estaban en una esquina del cuarto y Ana acababa de dispararle al otro hermano, quien cayó fulminado a un lado de la cama llena de sangre.

De la forma más amable y tranquila que pude exclamé:

  • ¿QUÉ CHINGADOS ESTÁ PASANDO EN ESTE LUGAR!

Ana me miró horrorizada, pues gracias a Alonso mi ropa también estaba manchada y parecía que hubiese sufrido algún daño grave. Le hice una seña de que estaba bien y volteé al rincón para encontrarme con que la dinámica había cambiado y ahora era Alicia quien cuidaba de un desmayado Jerry. Marcia golpeó al botones en la cabeza y cuando el hombre quedó inmóvil pudo soltarlo.

– Tenemos que salir de aquí AHORA -me dijo Marcia temblando.

– No iremos a ningún lado hasta que me digan qué está pasando y de dónde salieron tantas armas. De pronto parece que estamos en un cuartel de infantería. Todos tienen un arma… ¿cuándo sucedió esto?

– Esos sujetos despertaron y vinieron corriendo para someternos -dijo Marcia- llegaron con machetes y estuvieron a punto de irse sobre nosotras tres. Por poco y lo consiguen, pero estábamos preparadas…

– ¿Para qué, para que las atacaran locos con armas? – le contesté.

– Listas para defendernos. Sabíamos que esto podía ocurrir. Tuvimos que dormir a Jerry para que todo fuera más fácil. Sí, ya sé que parece de locos, pero así fue mejor – dijo Ana bastante tranquila, lo que contrastaba con todo lo que me estaba diciendo y sobre todo con lo que ocurría.

– ¿Para qué durmieron a Jerry? ¿Para eso lo querías aquí? Estuve revisando tu auto y sé qué te traes entre manos, Ana…

– No es lo que imaginas. Puedo explicarlo-interrumpió Ana.

– Es exactamente lo que vas a hacer. AHORA -grite, mientras cerraba la puerta- ¿O vas a decirme que no vas tras Alicia, también? ¿No fuiste tú quien abdujo a Camila y ahora vas por su hermana?

Marcia corrió hacia Alicia en cuanto ésta intentó levantarse del suelo. Forcejearon, pero Alicia estaba demasiado débil para lidiar con la fuerza de Marcia, quien se apoyó en la pierna herida de la otra mujer quien lanzó un quejido de dolor. Ana apuntó con el arma a la aullante y  le gritó que guardara silencio. Todos nos quedamos callados. Parecía que el caos se había apoderado de todo y la locura nos había invadido.

– Ese hombre me engaño una y otra vez -comenzó a explicar Anna-. Ahora estoy mejor, acepté que todos cometemos errores, pero él cruzó la línea. Yo le di toda mi vida, todo lo que tenía y él sólo jugó conmigo mientras se veía con esa otra idiota por todo el mundo. Siempre justificó sus viajes con mentiras y yo estuve ahí, esperándolo como una imbécil… hasta el accidente. Mientras filmaba su película perdieron el control, comenzaron a pelear y ella acabó muerta. Él pensó que podía ocultarlo todo. Yo quise ayudarlo. Mentí a la policía, a los investigadores, a mi misma.

– ¿Por eso te están persiguiendo? -pregunté cuando tomó un momento para asimilar lo que estaba contando.

– Las cámaras de la producción siguieron filmando, por eso sabemos que no fue un accidente. Él la empujo y ella se desnucó. Murió al instante -siguió Ana, una mueca apareció en su rostro, como si le alegrara lo que acaba de decir.

Todos estábamos quietos, inmersos en el relato. De pronto Jerry comenzó a moverse por unos instantes, hasta que volvió a su estado de sueño provocado. Miré a Alicia, la sangre brotaba poco a poco por la herida de su pierna, su rostro estaba ya pálido, lágrimas corrían por sus mejillas, sus ojos aún se posaban en Jerry.

– Fue entonces que pude descansar, o al menos así fue por unos meses- siguió Ana-. Él estaba realmente deprimido, acosado por los reporteros, los inversionistas de su filme lo dejaron, sus deudas aumentaron, ya no sabía qué hacer para lidiar con su dolor. Hasta que conoció a Camila y yo tuve que lidiar con otra zorra más.

HaciaElVacio

– ¡CAMILA! ¡CAMILA!

Los gritos de Alicia inundaron nuevamente la habitación. Marcia comenzó a acercarse a la mujer, pero Ana le ganó el pasó y con un rápido movimiento golpeó a Alicia, dejándola inconsciente, casi muerta. Luego miró a Jerry y lo apartó con dos jalones. Su cuerpo quedó en el suelo, junto a la puerta del baño, mientras que el de Alicia yacía cerca del buró a escasos centímetros de los hermanos muertos.

– Nunca pensé que al soportar a Camila también tendría que lidiar con esta otra loca -dijo Ana, mientras se alejaba del cuerpo de Jerry-. Comenzaron a salir y pronto se enteró que la familia de ambas tenía mucho dinero, ellas heredarían millones, lo que a este hombre obviamente le convenía. Pero quería dejarme fuera del cuadro, después de todo lo que hice por él. Estaría en la cárcel de no ser por mí. O peor, podría estar muerto.

Nuevamente el cuerpo de Jerry se movió unos momentos. Todos miramos hasta que se detuvo. Ana se acercó a la ventana y su mirada se perdió por unos momentos. Después miró a la única mujer consciente que quedaba en el cuarto.

– Entonces conocí a Marcia, por medio de su jefe, quien buscaba a los responsables de la muerte de la chica -siguió Ana-. Yo sabía que el único responsable era Jerry, pero no podía entregarlo sin joderme la vida. Así que decidimos ayudarnos mutuamente. O eso pensé hasta ahora. Yo conseguí a las zorras y ella al hombre, pero él me pertenece así que los términos no quedarán bien para ella. Su jefe querrá a Jerry, pero eso no va a suceder.

Marcia la miró sorprendida, pues no daba crédito a lo que escuchaba.

– ¿Y eso qué significa, perra? ¿Vas a quitarme la recompensa? ¿Crees que puedes hacerlo? -dijo Marcia perdiendo los estribos.

– Lo que quiero decir es que el trato se acabó, y es hora de las resoluciones -respondió Ana-. La mala noticia es que no figuras en ellas. No más.

Marcia se acercó a la cama, le arrancó el machete del pecho al hermano que estaba en la cama y se abalanzó en dirección a Ana, quien instintivamente se tiró al suelo, lejos del filo del cuchillo. Marcia fue a dar contra la ventana, que quedó estrellada. Para cuando se dio vuelta Ana ya estaba de pie, con la pistola frente a ella y lista para apuntar.

– Ahora puedes decir tus últimas palabras -dijo burlonamente Ana, mientras Marcia le regresaba la mirada con un gesto enfurecido y el machete vacilando entre las manos-.

En el momento en que Marcia decidió a moverse nuevamente, Ana apretó el gatillo y la bala fue a dar en la garganta de su rival, quien por el impacto perdió fuerza y retrocedió un poco. Cuando el machete cayó al suelo Ana se acercó a propinarle una patada a la herida mujer en el estómago que la impulsó contra la ventana que se hizo pedazos y dejó pasar a Marcia hacia el vacío.

Autor: León Alberto

I Was Pandora... And Then I Got Over It.

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