Visitantes

Nunca tardan mucho adentro. Durante el día, la tarde e incluso la noche, llegan de pronto, entran por unos momentos y luego salen. Pero nunca son los mismos después de hacerlo.

Hombres altos y bajos, delgados y obesos. Mujeres atractivas y otras no tanto, enfermas y afortunadas. Blancos, negros, mestizos, todos. Todos llegan y tocan en la puerta metálica, ésta se abre y se cierra después de ellos. Momentos después se abre de nuevo para dejar salir a la persona que entró y dejó un poco de su alma a cambio de respuestas. 

Nunca tardan mucho adentro, pero todos salen del lugar con la angustia de no saber si hicieron o no lo correcto al adelantarse a su tiempo. Unos lloran pidiendo respuestas a un hombre muy viejo. Otros suplican a una mujer de largos cabellos. Nunca es la misma persona. A unos cuantos simplemente los recibe una luz.

Un ser les habla y ellos escuchan. Cuando calla, ellos hablan. Cuentan sus penas, sus miedos, sus vivencias. Piden. Piden. Piden. Lloran. Lloran. Piden. Se desbaratan ilustrando los peligros de la vida. Recuerdan a una mujer que se tiró de un Puente. Preguntan sobre un hombre que habita un lugar que parece vacío pero no lo está. Sufren ante el silencio del ser cambiante. 

Para cada visitante el dador es diferente. Cuando vuelve a hablar, ellos callan y cuando acaban las palabras, se arrancan un poco de alma a cambio de un poco de luz. La puerta se abre y ellos salen cambiados para siempre. 

Autor: León Alberto

I Was Pandora... And Then I Got Over It.

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