Vacío 

El departamento 207 nunca fue muy grande, ni muy iluminado o ventilado. Siempre tenía ruidos aquí y allá, incluso varias goteras en época de lluvias. Había que darle un golpe recio a la puerta para que abriera, y al cerrarla siempre había que empujarla. En ocasiones si se hacía con demasiada fuerza, la puerta se atoraba y no había más que esperar a ser rescatado. 
Las ventanas daban a la parte trasera del edificio, a un pequeño callejón donde se encontraban los botes de basura y otros cacharros viejos, como letreros oxidados, sillas rotas, sillones despedazados. No era la mejor vista, pero había algo en la tranquilidad del callejón que todos los habitantes del departamento siempre se tomaban tiempo para mirar por las pequeñas ventanas.
El cerrojo de una de las ventanas siempre estuvo defectuoso. Unas veces cerraba con normalidad, y otras solamente lograba engañar a quien por un momento se recargaba y al instante se hallaba en al aire, flotando por un momento, sólo un momento que se transformaba en un descenso fuerte, rápido, que llevaba directo a uno de los tambos de basura.
Ahí quedaba uno, embotellado, quebrado, incómodamente sin vida después de pasar unos momentos, unas horas o días, algunas semanas, quizá meses. No importa cuánto, realmente. El 207 siempre reclamaba su derecho a ser pequeño, seco, sin ventilación ni luz. Un cabrón egoísta que a la primera oportunidad te manda al vacío para quedarse de nuevo igual, vacío. 

Autor: León Alberto

I Was Pandora... And Then I Got Over It.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s